Sin curvas no hay paraíso

Sin curvas no hay paraíso

“No tengo nada que ponerme!”, a todas nos ha pasado, ese momento asqueroso cuando nada nos sirve, nada que nos horma, nada nos hace sentir perfectas, como esa modelo 90-60-90. Nada nos hacer ver más delgadas, mas fit, menos anchas, menos feas. Una imagen distorsionada, una lucha, un sueño inalcanzable para todas. Una mentira que se convirtió en verdad y que nos esclaviza día a día hasta dejarnos sin aire, sin personalidad, sin esencia. Esta mentira nos ha dejado vacías.

Para nadie es una sorpresa que la mayoría de nosotras luchamos con nuestra imagen, para ser mas especifica un 91% de mujeres están insatisfechas con sus cuerpos, y desafortunadamente recurren a miles de dietas para alcanzar ese “peso ideal”, y la cruda realidad es que solo un 5% de las mujeres poseen ese tipo de cuerpo que nos vende la sociedad, si, solo un 5%. El resto de nosotras nos sentimos obligadas a caber en ese molde, a cambiar nuestra apariencia y a pagar el precio que sea necesario sin importar las consecuencias en el resto de nuestras vidas, hemos dejado lo más valioso atrás.

Nos hemos olvidado de nuestra esencia, de ese misterio que nos hace tan únicas, y tan especiales en medio de un mundo tan demandante, nos olvidamos que nuestro propósito va más allá del tamaño de nuestras piernas porque hemos medido nuestros cuerpos con los estándares de los demás, y creo que es hora de que nuestros cuerpos sean nuestros, y que cada una despierte esa mujer fuerte, capaz de alcanzar grandes cosas, saludable y sin límites de tallas, ni esclavas a una pesa. Es hora de que nuestras caderas tengan voz propia. Dentro de cada mujer sin importar su físico hay una mujer que necesita ser libre de las presiones sociales, familiares y de los medios.

Ser delgada no es sinónimo de éxito, ni de estatus social, y mucho menos de tu nivel de dominio propio. Estamos listas para ver un cambio en nuestra generación y ese cambio comienza en cada una de nosotras cuando decidimos aceptar y amar nuestros cuerpos como prendas hermosas, y aprender que nuestras caderas no son cargas forzosas.

Que desde hoy nuestra belleza no sea solo externa, pero que nuestra belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo intimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible, esa belleza nunca desaparece. Esa belleza te hace fuerte, se refleja en tu exterior y tiene el poder de transformar estadísticas, números y medidas en pasos firmes que no titubean al son de nadie.

Es tiempo de recuperar lo perdido porque #sincurvasnohayparaiso.